FOO FIGHTERS EN ARGENTINA!!

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Poco después de las 21 horas, cuando Dave Grohl irrumpe sobre el escenario con el pecho inflado y los brazos en alto, el Estadio Ciudad de La Plata ingresa en un estado de combustión instantáneo, una evidencia veloz de lo que fue capaz de construir Foo Fighters en suelo argentino durante los últimos años. “¡Trajimos muchas canciones, así que van a tener que bailar toda la noche, hijos de puta!”, avisa Grohl de entrada después de abrir con “Something From Nothing”, el primer track de Sonic Highways, su último disco.

Y como avisa, Grohl no traiciona. Durante tres horas completas y sin cortes, el líder de Foo Fighters conducirá a su banda por una larga carretera de estribillos efervescentes y mensajes de liberación que acá funcionan con adherencia, pese a algunos desajustes de sonido. “The Pretender”, “Learn to Fly” y “My Hero” orientan un listado que repasa sus veinte años de carrera y pone al sexteto a quemar válvulas en un plan que corre detrás del impacto instantáneo. Además de la figura de Grohl, que capitaliza su carisma televisivo y risueño para intervenir las canciones con humor y calentar al público apretando su Gibson DG 335 de color azul, casi toda la atención recae en la figura del baterista Taylor Hawkins, que enrieda sus brazos en golpes pesados pero ágiles y que se compone, desde el fondo, como un verdadero show aparte, grosero y arrollador.

Entre el juego de distorsiones que entabla la dupla de guitarras de Pat Smear y Chris Shiflett, la capacidad narrativa de Grohl, desarrollada últimamente en el trabajo audiovisual (con Sonic Highways -el registro de su octavo disco, grabado en diferentes ciudades de USA), se evidencia en el diseño del show, que siempre busca reacomodar los focos de tensión: como cuando el cantante atraviesa la pasarela que alcanza el centro del campo a medio llenar y se carga versiones despojadas de “Skin and Bones” y “Times Like These” tan sólo con una electroacústica, o cuando la banda completa emerge del subsuelo desde una plataforma giratoria montada en la mitad del corredor para cargarse una sección de covers del tamaño de “Detroit Rock City” de Kiss, “Stiff Competition”, de Cheap Trick (con Grohl por única vez en batería y Hawkins en voz) y “Under Pressure” de Queen.

A años luz de aquel kilómetro uno del grunge que apuntaló detrás de los parches de Nirvana, desde hace dos décadas Grohl viene acercando con Foo Fighters una versión pasteurizada de ese rock perturbado y rabioso para transformarlo en mercancía reparadora, una fórmula de catarsis ATP que hoy ofrece fuzz y headbanging para todos y todas. Y Dave, que ya resulta un gran domador de multitudes, lo sabe muy bien. “Venimos haciendo esto desde hace 20 años, realmente somos una banda muy afortunada”, evalúa antes de disparar la tríada final con “Outside”, “Best of You” y “Everlong” y dejar dibujada en el ambiente la estela de un tipo que, como sea, todavía sigue apostándole al vértigo.

Por Juan Barberis para rollingstone.com.ar

Fotos de Emiliano Rodríguez, Cristian Estaurino Ph y Mica Villalobos.

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